Filosofía

La niña que quería tocar las estrellas

Salta de la cama, se calza las alpargatas y a la ventana se asoma. Contempla el cielo estrellado por unos instantes y al rato me pregunta, “¿vamos?”

Hay una niña en mi habitación. Sus rasgos infantiles me resultan familiares pero no tengo ni la más remota idea de donde ha salido. Juega a atrapar la Luna con las manos y finge lanzarla como si de una pelota se tratara. Cuando el partido finaliza, corretea de un lado a otro saltando y dando palmadas en el aire… “¿Qué haces?”, me atrevo a preguntarle. Ella, con un halo de pura inocencia me responde: “Cazo estrellas, es como atrapar luciérnagas”. Entonces, el filo de la racionalidad adulta apuñala un sueño infantil cuando le digo que las estrellas que caza están muertas, pues su luz se extinguió hace muchos años. Al oír mi comentario, su expresión se torna triste y deja de dar brincos. Me arrepiento al instante de lo que he dicho. Unos minutos más tarde, la niña meditabunda me responde: “¿Y tú? ¿Sabes que estás atrapada en una vorágine adulta? Hablas de paro, hipoteca, responsabilidades… dime, ¿son esas tus cadenas? Lo que te atrapa y no te deja acompañarme en mi aventura interestelar…” Me reflejo en sus ojos negros y me doy cuenta de que me he perdido. Me he perdido en delirios. Me he atado a roles, me he impuesto normas sin sentido y, al final, he maquillado tanto la realidad que no me reconozco en ella, me siento perdida y olvidada.

La niña vuelve a sonreír y, en un gesto conciliador, me tiende la mano. Yo me destapo de la colcha de inseguridades que me abriga, salgo de la cama y agarro su manita blanda. Es en ese momento, cuando siento que levito, que me desprendo de todos los lastres y me abandono a la curiosidad e ingenuidad con la que yo un día también miré el mundo. Todo se me asemeja nuevo y verdadero, siento renacer mi genuino yo ante los ojos del universo. Retornan a mí los sueños y las ilusiones que un día dejé de lado por adaptarme a los convencionalismos sociales. Esta vez, me prometo a mí misma y a la niña que quería tocar las estrellas, que no los dejaré ir.

Diana Fe Balint Rivas©

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