Miscelánea

Virginia Woolf, escritora y activista

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“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción”

Adeline Virginia Stephen nace el 25 de enero de 1882 en Londres. Es hija de Leslie Stephen, historiador, ensayista, biógrafo y montañero, y Julia Prinsep Jackson quien nació en la India pero posteriormente se trasladó a Inglaterra a vivir. Ambos progenitores eran viudos por lo que en el hogar convivieron también los hijos que cada uno había tenido en su anterior matrimonio. Además, Leslie y Julia tuvieron otros tres hijos en común: Vanessa Stephen, Thoby Stephen y Adrian Stephen.

Virginia tuvo el privilegio de criarse en un ambiente rico culturalmente. No fue al colegio, pero recibió clases particulares en su casa de Londres por parte de diversos profesores y de su padre, siendo principalmente instruida en literatura inglesa. Virginia pasó largos veranos en St Ives de Cornualles con sus padres y sus hermanos. Talland House era el nombre de la casa de veraneo de la familia, la cual tenía vistas a la playa de Porthminster y al faro de Godrevy. La naturaleza salvaje, el mar embravecido chocando con fuerza contra las rocas del montículo donde se erige el faro que Virginia contemplaba en época estival, sirvieron de inspiración a esta escritora para crear, unos años más tarde, la novela Al faro.

“El blanco Faro, lejano, austero, se hallaba en medio; a la derecha, hasta donde alcanzaba la mirada, las desvaídas e incesantes, con delicados pliegues, se veían las dunas de verde arena, con sus flores silvestres sobrevolándolas, que parecían correr perpetuamente hacia algún deshabitado país lunar”.

A pesar de los privilegios de los que Virginia disfrutó, su infancia y su adolescencia se vieron ensombrecidas por diversos acontecimientos. Virginia tuvo que soportar los abusos sexuales de su hermanastro George Duckworth, quien la manoseaba intencionadamente despertando en la joven un sentimiento de repulsión hacia el deseo que su cuerpo podría despertar en los hombres. Debido a los abusos, Virginia tuvo varias crisis nerviosas con períodos de anorexia durante las cuales renegaba de su femineidad. La joven soportó esta situación en silencio, debido al carácter hermético de sus familiares. Volcó su angustia y su dolor cuando escribió Fin de viaje, relatando de la siguiente manera los sentimientos de la protagonista:

“Cuando el protagonista masculino la tocaba, su cabeza se esforzaba por no estar allí. Rachel sentía su cabeza, separada del resto del cuerpo, yaciendo en el fondo del mar. Aprendió a embotar sus emociones y apagar las reacciones de su cuerpo ante el deseo de un hombre, se quedaba tumbada, fría y quieta como una muerta”.

Virginia siempre tuvo una salud mental delicada. El fallecimiento de su madre y de su padre (en 1895 y 1905 respectivamente), provocaron que la joven se sumiera en profundas depresiones y que las crisis nerviosas se agudizaran, teniendo que ser ingresada en el hospital en más de una ocasión. Algunos biógrafos de la autora especulan que pudo haber sufrido trastorno bipolar, una enfermedad en la que aparecen episodios maníacos caracterizados por un estado anímico anormalmente y persistentemente elevado, expansivo o irritable, en combinación con episodios depresivos. No obstante, sus repentinos cambios en el estado de ánimo no influyeron en su producción literaria, ya que en la fantasía encontró un refugio, una vía de escape a los problemas que la azoraban en la realidad.

Después de la muerte de su padre, Virginia se muda junto con sus hermanos a una nueva casa en el número 46 de Gordon Square en Bloomsbury. Su hermano Thoby invitaba a su casa a algunos de sus compañeros con los que estudiaba en el Trinity College entre los que se encontraban Leonard Woolf, Lytton Strachey o Clive Bell. Las reuniones tenían lugar los jueves por la tarde y en ellas Virginia y su hermana Vanessa participaban sin complejos en debates sobre temas controvertidos. Las reuniones comenzaban a las ocho y se prolongaban hasta las dos o las tres de la mañana. Bebían whiskey, cacao y comían bollos, pero el ingrediente principal de aquellas fiestas de intelectuales era la conversación. Así es como surgió el Bloomsbury Group, un grupo elitista compuesto por artistas de la clase social alta de Londres. Influidos por la obras de escritores americanos como Walt Whitman, los miembros del grupo siempre buscaban la manera de reinventarse y crear nuevas formas de literatura. Virginia participaba activamente en aquellas reuniones, destacaba por sus originales ideas y por el anhelo de escribir obras literarias en las que nadie hubiera pensado antes y que asustaran a las mentes más convencionales.

Aunque le hubiera gustado pasar desapercibida en el plano romántico, lo cierto es que a Virginia no le faltaron pretendientes. Fueron varios los que se enamoraron de su belleza e inteligencia pero que, desafortunadamente, sólo obtuvieron una educada declinación a sus propuestas de matrimonio. Entre aquellos pretendientes se encontraba Leonard Woolf, a quien conoció en una de las reuniones del Bloomsbury Group. La primera vez que la vio, llevaba un vestido blanco y una sombrilla y le pareció “la más victoriana de todas las jóvenes victorianas”. Leonard Woolf le declaró a Virginia su amor, pero ella, temerosa del matrimonio y de mantener relaciones sexuales le rechazó numerosas veces. Finalmente, Virginia aceptó la propuesta de matrimonio y el 10 de agosto de 1912 la pareja se casó en St Pancras Register Office. El amor que se profesaron fue de carácter intelectual más que pasional ya que, según las palabras de la propia Virginia, cada vez que Leonard la besaba ella no sentía nada, era como si estuviera besando a una roca. Pero la ya entonces Mrs Woolf sí que amó a alguien tan profundamente que ni las barreras del matrimonio pudieron frenar su pasión.

A principios de los años veinte, Virginia conoce a Vita Sackville-West, aristócrata poetisa inglesa, novelista y aficionada a la jardinería. Lo que comenzó siendo una relación cordial – Virginia propuso a Vita publicar un libro en su pequeña imprenta, Hogarth Press – pronto floreció una estrecha amistad que no tardaría en convertirse en un romance. Aunque Vita estaba casada con Harold Nicolson, ambos mantenían una relación abierta y tenían encuentros paralelos al matrimonio con personas de su mismo sexo. En lo que respecta a Virginia, aunque su marido siempre fue conocedor del affaire que mantenía con la aristócrata, nunca puso ninguna objeción pues para él lo más importante era que Virginia fuera feliz. Durante las temporadas que pasaban separadas, su relación continuaba de manera epistolar. Existen registros del inmenso cariño que se tenían y la terrible añoranza que sentían la una por la otra cuando no estaban juntas.

“Este año me pareces más inalcanzable, empolvada, con las piernas más blancas, más galante y aventurera que nunca. Me echo en la cama e invento historias sobre ti” – De Virginia a Vita.

“Estoy reducida a ser una cosa que quiere a Virginia. Escribí una carta durante las opresivas horas insomnes de la noche, y todo se ha ido: sólo te extraño de una manera desesperadamente humana”. – De Vita a Virginia.

Tal era la fascinación que Vita le producía, que una de sus obras literarias más importantes, Orlando, está enteramente dedicada a ella, en la cual se plasman el amor y el deseo que siente por su amiga. Pero además, esta novela encierra profundas reflexiones acerca del papel de las mujeres en la sociedad y los roles de género de la época. Orlando es un hombre que de la noche a la mañana se transforma en mujer. Este cambio de sexo, lejos de ser meramente anecdótico, es la oportunidad que la autora encuentra para reflexionar sobre la condición de la mujer. Aunque Orlando sigue siendo la misma persona, el mundo cambia para él/ella. Como mujer no puede moverse con libertad, ni tiene los mismos derechos y el trato que recibe es desigual.

“Afortunadamente la diferencia de los sexos es más profunda. Los trajes no son otra cosa que símbolos de algo escondido muy adentro. Fue una transformación de la misma Orlando la que determinó su elección del traje de mujer y sexo de mujer. Quizá al obrar así, ella sólo expresó un poco más abiertamente que lo habitual (…) algo que les ocurre a muchas personas y que no manifiestan”

Lo innovador de esta obra radica también en la percepción que la autora tiene acerca de la sexualidad, la cual la concibe como fluida.

La actividad feminista de Virginia Woolf se ve reflejada en varios de sus escritos. Uno de sus ensayos más reconocidos publicado por primera vez en 1929 es Una habitación propia. El ensayo se basó en dos conferencias que la autora dio en 1928 en Newnham College y Girton College, ambas eran universidades femeninas pertenecientes a la Universidad de Cambridge. El título del ensayo deriva de la idea de Woolf de que una mujer debe tener dinero y disponer de una habitación propia para escribir novelas. Para denunciar los pensamientos y conductas misóginas que se han ido desarrollando a lo largo de la historia en la sociedad, Virginia crea un personaje ficticio, Judith Shakespeare, hermana de William Shakespeare, a quien le atribuye todas las obras y capacidades del famoso dramaturgo y se imagina cómo hubiera sido su historia.

“Lo que sí me pareció a mí, repasando la historia de la hermana de Shakespeare tal como me la había imaginado, definitivamente cierto, es que cualquier mujer nacida en el siglo dieciséis con un gran talento se hubiera vuelto loca, se hubiera suicidado o hubiera acabado sus días en alguna casa solitaria en las afueras del pueblo, medio bruja, medio hechicera, objeto de temor y burla”.

Virginia Woolf fue una gran feminista. Consideraba que la experiencia de las mujeres y el movimiento social de éstas constituirían las bases para el cambio social transformador y estuvo involucrada en diversas actividades feministas como el sufragismo o el Gremio Cooperativo de Mujeres de la Clase Obrera. Además Virginia se interesaba por el mundo interior de la mujer y creía que era esencial acabar con la represión emocional a la que estaban sometidas las mujeres y dejar que expresaran sus sentimientos y sus interpretaciones del mundo libremente. También opinó sobre la sociedad patriarcal y el militarismo durante la Segunda Guerra Mundial. En un ensayo llamado Tres Guineas, Virginia responde a la carta de un hombre en la cual le pregunta cómo se podría poner fin a los conflictos bélicos, a lo que ella responde con ideas pacifistas pero además aprovecha la ocasión para denunciar la escasa participación política que las mujeres tienen debido a que sus ideas son infravaloradas.

El mundo de Virginia Woolf comenzó a desmoronarse lentamente a partir del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los problemas mentales que le habían acompañado durante toda su vida se agudizaron después de la destrucción de su casa en Londres y de la fría acogida que tuvieron sus últimos escritos. Los tormentos le hacían vivir en un desasosiego constante y llegó un momento en que no pudo soportarlo más y tomó una drástica decisión. El 28 de marzo de 1941 Virginia salió a dar su último paseo. Se puso uno de sus abrigos, llenó los bolsillos de piedras y se dirigió al río Ouse cercano a su casa para arrojarse al agua y abandonarse a la muerte. Su cuerpo fue encontrado un mes después. Los restos se incineraron y se enterraron bajo un árbol en Rodmell, Sussex. En una piedra cercana al lugar donde fue enterrada, su marido escribió la siguiente cita de una de sus novelas, Las Olas: “Contra ti me alzaré, invicta e implacable ¡Oh, muerte!”

Antes de suicidarse, Virginia escribió una emotiva carta a Leonard para agradecerle el cariño, la protección y la paciencia que siempre había tenido con ella:

“Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo para que todo el mundo lo sepa. Si alguien podría haberme salvado ese habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices de lo que hemos sido tú y yo”.

A pesar de su muerte, la figura de Virginia Woolf y su legado literario siguen siendo una fuente de inspiración para muchos lectores. Esta escritora destacó por su coraje, por atreverse a romper los moldes de una sociedad dominada por los hombres y alzar su propia voz para hablar por todas las mujeres, ya fueran de clase alta, media o baja. En su lucha escrita también defendió la libertad sexual de las personas, la expresión de los sentimientos y exaltó el poder femenino como fuerza y motor de cambio hacia una sociedad más pacífica, igualitaria y justa. Virginia Woolf es el ejemplo de una mujer valiente que, a pesar de haber tenido una vida marcada por los abusos que sufrió en la infancia y los trastornos mentales, siempre se mantuvo firme en la defensa de sus ideales acerca del poder de la mujer, la libertad de orientación sexual y los roles de género.

Diana Fe Balint Rivas ©

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